Han pasado un par de meses, casi 5 para ser más exacto. Hoy el auge y los ojos del país están puestos en la contingencia, la carrera por el sillón de la presidencia. Son las diversas coaliciones y conglomerados políticos que aparecen en los distintos medios de comunicación lanzando campañas, codazos de un lado hacia al otro, proponiendo propuestas de nuevos aires para un pueblo que, al parecer, lo necesita con clemencia.
Hace un par de meses eran los mismos. Eran los mismos partidos, la DC, el PC, el PS, el PPD, el PRSD, la UDI, Evópolis, RN, los que, desplegados en los distintos barrios, se acercaban con discursos de nuevos aires para, en aquella vez, generar cambios profundos a través de propuestas reales para la gente a nivel comunal y barrial.
Me tocó verlos en distintos puntos, organizando cenas para sus campañas, acercándose a la gente en las ferias libres, asesorando a los/as vecinos en materia judicial, repartiendo volantes, regalando flores, algunos aplicando el clásico puerta a puerta, entre otras estrategias. Muchos con equipos desplegados a nivel territorial. Invadieron nuestras calles y pasajes con palomas, panfletos y cuanta otra parafernalia de difusión pudieron, de esas que ya nos cansan, porque estorban en nuestras calles o simplemente, por la contaminación visual que producen.
Aquellos candidatos que ganaron por esos días, por razones obvias, están ahí, los seguimos viendo, unos más que otros para ser sincero. Otros victoriosos, ni su nariz se le ha visto por las calles. Los que perdieron, en cambio, no aparecieron más, dejando las poblaciones desoladas, llevándose sus propuestas a otro lado o quizás guardándolas en sus bolsillos y reformulando ciertos elementos para un nuevo momento, volver con la caballería; sus equipos territoriales, sus estrategias innovadoras y nuevamente sus propuestas de cambios. De esas que dicen que ya basta de las malas administraciones, que falta transparencia, mayor fiscalización, etc, que suenan clichés y como disco rayado, porque los tiempos nuevos parecen nunca llegar.
Lo anterior, puede ser lógico en el marco de la maquinaria política actual, de su funcionamiento y estrategia. Sin embargo, no deja de ser molesto y fastidioso, sentirse un número y en este caso, un voto para una oportunidad más personal y ególatra, que cualquier otra cosa. ¿Por qué no se quedaron trabajando de igual forma?, ¿Por qué desaparecen de esa forma, y no construyen una política permanente en el barrio?, incluso, frívolamente, como una estrategia para conseguir el voto sería mejor quedarse. Presencié varios/as vecinos/as y dirigentes (ninguno candidato) trabajando en conjunto, coordinando tareas para un mismo propósito. Una vez que comenzaron las campañas a Alcaldes y Concejales, en esa etapa donde esos candidatos se acercan sonriéndote, llenos de buenas intenciones con promesas y propuestas, muchos de esos dirigentes ya no trabajaron en conjunto, y muy por el contrario, en medio del proceso eleccionario se pelearon por diferencias políticas.
Se asume con normalidad que las rencillas políticas existen y son parte del proceso de formación y conocimiento, sin embargo, los candidatos se fueron, y ellos aún permanecen distanciados. Aquellos que venían con la solución, se fueron y no los vimos más, se llevaron sus propuestas también, junto con sus promesas y carisma, dejando un nudo difícil de desatar, junto con un tremendo conflicto entre pobladores/as.
Ellos, los políticos y su forma de hacer política han distanciado al pueblo, porque lo han marginado de los procesos previos. No se puede hacer política sin la gente, pero al parecer, el poder, la ambición y el crecimiento personal y aspiracional pueden más que el desarrollo colectivo.
También es culpa nuestra, por no hacer de nuestros dirigentes en las poblaciones -de esos que llevan años en los comités de allegados, de los clubes deportivos, de esos de organizaciones sociales, culturales, y cuantas otras formas de organización-, una vía o propuesta para la construcción de una política barrial seria y dirigida por y hacia los/as vecinos/as.
Es culpa nuestra, por creerle todo a quienes vienen de afuera a inventar la rueda a nuestro barrio, cuando no conocen los problemas, las necesidades, los nombres de las calles, y nunca se han sentido parte de ellas. No conocen nuestra identidad ni nuestra lógica, por eso cuando pierden se van y reaparecen cada 4 años, porque nunca han sentido como sentimos nosotros, nunca han olido nuestras tierras como lo hacemos nosotros, porque no son nosotros, ni como nosotros. Entonces ahí está la tarea, en levantar a uno de nosotros.

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