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Los estudios y estadísticas que se refieren a la pobreza, ¿Lo hacen sólo sobre variables financieras, económicas, y en general, cuantitativamente?. Hoy el instrumento referente para medir este concepto es la CASEN, que según el mismo Ministerio de Desarrollo Social es «… una encuesta a hogares, de carácter multipropósito, es decir, que abarca diversos temas como educación, trabajo, ingresos, salud, entre otros; además es una encuesta transversal, por lo tanto, incluye a todo el espectro de la población del país».

Hoy, según los últimos datos obtenidos, 40.501 familias viven en campamentos, aumentando considerablemente dichos asentamientos en el año 2017, llegando a un total de 702 en todo el país. Lo que viene es peor. Desde el año 2011, 14 mil familias han ingresado a campamentos.

Como reflejan los datos expuestos, el modelo económico y social actual no sólo ha precarizado y agudizado las desigualdades sociales en Chile. No sólo se ha encargado de profundizar aún más el sistema promoviendo el consumo innecesario constante, el endeudamiento y el materialismo, sino que hay una variable, que durante el último tiempo, cobra gran relevancia y de la cual se han realizado algunos estudios, tanto nacional como internacionalmente; el tiempo.

Según un artículo publicado por la Tercera, basado en un estudio del 2015 de la economista de la U. de Chile Andrea Encalada, la pobreza también se puede definir desde una óptica de tiempo. Menciona que es posible hablar de ese tipo de pobreza cuando las personas trabajan más de 12 horas al día.

Diversos autores y estudios desde los 70, dice Encalada, usan esa medida para definir el umbral de la pobreza en términos de tiempo. Al analizar la encuesta piloto de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (Enut) del INE de 2007, vio que en Chile la tasa de pobreza de tiempo general es 9,8%. En los hombres alcanza el 9,5% y en las mujeres, el 10,2%.

Al incorporar las horas de transporte por motivo de trabajo, aumenta casi al triple, 26% (29% los hombres y 23% las mujeres). Con un buen sistema de transporte, “también se les está regalando tiempo a las personas”, dice Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación para la Superación de la Pobreza.

La pobreza entendida solo como falta de ingresos es una mirada simplista frente a un fenómeno mucho más complejo, indica Encalada. “Hoy existe consenso en la necesidad de incorporar otras variables en la medición de la pobreza, sin embargo, el tiempo no es considerado aún como una variable relevante”.

El tiempo es una oportunidad, agrega Moreno, y como todas las oportunidades son sociales, “pues no se las da la persona, sino el Estado, la empresa privada, la sociedad civil en general”.

Bajo esta última idea, es probable encontrarnos gente apurada en las calles, atrasados a sus trabajos, y con pocos y casi nulos espacios para el ocio o la vida social y/o familiar. La organización o vida en comunidad se pierde bajo el argumento del «no tengo tiempo para esto, que lo haga otra persona».

Hoy nuestras vidas están reguladas por un sistema que nos moviliza a través de la publicidad, medios de comunicación, y aspiraciones en general, hacia el consumo. Dicho consumo sobre bienes y artículos materiales hoy son la esencia de la vida y del principal concepto de crecimiento y progreso en la mayoría de los hogares. No es casualidad, ir a lugares en condiciones de vulnerabilidad socioeconómicas, y encontrarse con hogares donde los televisores, equipos de música y celulares son sumamente modernos, en algunos casosde alta gama y de gran valor económico en el mercado, inclusive, superando los salarios del propio hogar.

Pareciera que hoy todas nuestras carencias, e incluso la falta de tiempo, la hemos recompensado sólo con productos materiales. En esta lógica, los más pobres económicamente y esa «clase media» (inventada para hacernos sentir mejor) para dejar de ser pobres deben tener mayor poder adquisitivo. Lo a que su vez implica que deben realizar horas extras en sus trabajos, fuera de su jornada laboral, o bien, buscar un segundo ingreso, con un trabajo complementario. Lo anterior, provoca un efecto directo en la cantidad de tiempo que destinan las personas para hacer uso de él para hobbies, salir, pasear, disfrutar, o simplemente para «hacer nada».

Hoy nuestra pobreza ha cambiado del «no tener» por el «no poder» «no alcanzar» y «no estar». La ausencia de nuestra presencia física, se ha suplido con bienes materiales. La precariedad no disminuye, sólo se transforma.

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